En Clínica Veterinaria Cervantes disponemos de tratamientos y protocolos para hacer frente a muchos de los procesos oncológicos cada vez más frecuentes en medicina veterinaria.

En los últimos cinco años, la oncología se ha convertido en una especialidad en auge en la clínica de pequeños animales. Al igual que ocurre en EEUU y otros países europeos, los avances en medicina veterinaria relacionados con la nutrición animal, la aplicación de medidas preventivas y el desarrollo de nuevas técnicas diagnósticas y de protocolos terapéuticos más eficaces consiguen que las expectativas de vida de nuestras mascotas sean cada vez mayores. Como la incidencia del cáncer aumenta con la edad, cada vez es mayor el número de pacientes oncológicos que deben ser atendidos de forma habitual en las clínicas veterinarias.

Actualmente, los perros y gatos se han convertido en un miembro más de la familia, y los lazos afectivos entre los propietarios y sus mascotas son extremadamente fuertes.

Los veterinarios observamos que los propietarios reaccionan emocionalmente ante un diagnóstico oncológico de forma similar a como lo harían en medicina humana. Esta estrecha relación implica que muchos de ellos estén dispuestos a aplicar medidas terapéuticas agresivas capaces de prolongar el tiempo de supervivencia de sus mascotas sin que los condicionantes económicos o de disponibilidad de tiempo supongan factores limitantes. De esta forma, actualmente, un diagnóstico de cáncer en perros y gatos no supone una “sentencia de muerte”, sino el inicio de un proceso clínico, muchas veces complejo, pero que tiene un objetivo claro: que el animal viva el máximo tiempo posible manteniendo una buena calidad de vida. Por ello, los veterinarios debemos acostumbrarnos a tratar pacientes oncológicos proporcionando tratamientos curativos o, en muchos casos, paliativos, de forma similar a como tratamos otras patologías geriátricas como la diabetes mellitus o la insuficiencia renal crónica. El campo de trabajo de la oncología comparada es, por lo tanto, igual de amplio que en otros países europeos o americanos.

En España destaca el estudio de los tumores de mama caninos como modelo del estudio de los tumores mamarios en la mujer. En otros países, la realización rutinaria de ovariohisterectomías antes del primer celo limita la incidencia de este tipo de neoplasias en perras y gatas. Sin embargo, en España, los tumores mamarios constituyen el cáncer de mayor incidencia en la clínica (35% de todos los pacientes oncológicos. Las hembras presentan una mayor incidencia debido a la mayor frecuencia de tumores mamarios.

La principal modalidad terapéutica empleada en medicina veterinaria es la cirugía, que constituye el único tratamiento capaz de curar el cáncer cuando se realiza sobre tumores benignos o malignos de agresividad local. Las técnicas quirúrgicas y reconstructivas actuales permiten realizar cirugías muy agresivas con resultados cosméticos y funcionales perfectamente asumidos por la mayoría de los propietarios. Sin embargo, no todas las cirugías radicales son bien aceptadas en nuestro país: es llamativo el rechazo sistemático de las amputaciones de extremidades, incluso en gatos o perros de pequeño tamaño.

Aunque en los últimos dos o tres años se ha observado un ligero incremento del número de propietarios que asume las amputaciones, todavía son muchos los animales que sacrificamos por la negativa a practicar este tipo de cirugía. La radioterapia, modalidad terapéutica rutinaria en EEUU y otros países europeos, está poco desarrollada en España, ya que, hasta ahora, carecíamos de instalaciones que pudieran proporcionar este tipo de tratamiento.

EFICACIA DEMOSTRADA: la quimioterapia, única modalidad de tratamiento frente a tumores sistémicos empleado de forma habitual en la clínica de pequeños animales, está suscitando un enorme interés en la profesión veterinaria. En este punto, la oncología veterinaria difiere de la humana. Con la quimioterapia no nos planteamos la curación del cáncer, ya que nuestro objetivo es mantener la calidad de vida de las mascotas para que desarrollen una vida normal, limitando al máximo la aparición de los efectos secundarios asociados a estos tratamientos oncológicos.

En la mayoría de los casos, los efectos tóxicos son ligeros o moderados y transitorios (efectos digestivos como vómitos o diarrea, efecto mielosupresor con neutropenias ligeras) y perfectamente asumibles por los propietarios. A pesar de que, en algunos casos, los precios del tratamiento pueden ser elevados, son muchos los clientes que aceptan su administración una vez que reciben información sobre sus beneficios y riesgos